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Preparan video sobre la expropiación petrolera
Published
2 semanas agoon
By
Sandra
Por: La Redacción.
Ciudad de México., a 20 de marzo del 2025.- El 18 de marzo de 1938, el entonces presidente, el general Lázaro Cárdenas, anunció por medio de la radio nacional la ley de expropiación que haría públicos los recursos y bienes de la nación, entre éstos, el petróleo que estaba en manos de empresas estadunideses e inglesas, cuya peculiaridad era extraer el recurso con mano de obra barata y condiciones de precariedad.
Pero la tan conocida expropiación petrolera en la historia de este país estuvo a punto de no suceder, como se aprecia en un documental que produce la Filmoteca de la UNAM y que fue visto por La Jornada en el cuarto donde se está editando.
Con imágenes inéditas del suceso, 18MAR38 se cuenta en primera persona; es decir, da voz, con la ayuda de actores y una investigación de los discursos y otras pláticas coloquiales que tuvieron los protagonistas, entre ellos el general Lázaro Cárdenas y el constituyente Francisco J. Múgica (mano derecha del presidente). Se oyen también las del gabinete presidencial (del cuarto de guerra del general Cárdenas, mientras estaban luchando contra las petroleras), las de los políticos, como el propio Franklin D. Roosevelt; del embajador estadunidense en México, así como de los británicos.
No hay que olvidar que el hecho se enmarcó en condiciones sociopolíticas agrestes, ya que Estados Unidos vivía una depresión económica y Alemania detonaba la Segunda Guerra Mundial en Europa. Y mucho se ha hablado del decreto, pero poco de la deuda que dejó éste, la cual sobrepasaba las posibilidades de pago del gobierno. Sobre ello, fue necesaria la contribución del pueblo, que sin pensarlo hizo caso del llamado y el 23 de marzo, en el Zócalo, ante unas 200 mil personas, el presidente afirmó en un discurso que los mexicanos harían honor a su deuda. Luego se reunió con los gobernadores de los estados. Todos acordaron que cada entidad se organizaría para recaudar sus contribuciones. La gente donaba en las oficinas o escuelas, incluso en la Presidencia el pueblo entregaba lo que tenía: guajolotes, gallinas y hasta joyas. Todo sirvió para conservar nuestra soberanía, como refleja 18MAR38.
Protagonismo del pueblo
Albino Álvarez, director del trabajo fílmico, explica a este diario que ese detalle, el cual se puede apreciar en la cinta, habla del protagonismo de un pueblo que no se une por un patrioterismo, sino por la convicción de que está siendo escuchado y que la justicia social por la que tanto se luchó durante la Revolución y la Constitución de 1917 por fin hace que pueda sentir que tienen un pedazo de tierra, y sobre todo, que el petróleo ayudará a tener mejores niveles de vida.
Más aún, el sentimiento de soberanía se comenzaba a poner en la mesa social. Lo soberano va más allá de lo territorial porque se trata del poder de decidir. Y eso es lo que se pone en el punto central de este documental, que va más allá de la anécdota sobre la expropiación petrolera. Lo que veremos son las consecuencias de ese acaecimiento y cómo en México se empieza a observar el huevo de una serpiente que lamentablemente se desarrollará. O sea que la gran epopeya de la expropiación se torna en una gran fuente de ingresos estatal que beneficia al país, pero tristemente también en otra que genera mucha corrupción, asevera el subdirector de Rescate y Restauración de la Filmoteca de la UNAM y realizador, entre otros documentales, de El informe Toledo.
Álvarez articula que todo ese pietaje de mosaico popular fue registrado por los departamentos cinematográficos de los gobiernos de la zonas petroleras sólo para hacer registros. Y que la Filmoteca resguarda ese material donado por la familia Cárdenas.
Se trata de un acervo muy valioso y de otros noticieros con los que cuenta la Filmoteca también; sin embargo, no daban suficiente materia para construir un largometraje que abarcara diferentes etapas de todo ese proceso. Entonces, la Filmoteca tuvo que acudir a fuentes externas de noticieros de otros países.
Hugo Villa, director general de la Filmoteca de la UNAM, abunda en que hay materiales inéditos que fueron producidos por las propias petroleras y que al haber sido filmados por éstas, nunca estuvieron en México, nunca formaron parte de nuestro acervo ni de los mexicanos. Son materiales que gracias a la investigación exhaustiva que hizo Albino Álvarez y el equipo de investigación con el que trabajó, se pudieron hallar y relacionar con el momento histórico y entonces colocarlos en el momento de la narración cinematográfica que valdrá muchísimo la pena visitar. Además, narran específicamente momentos que hablan de un punto de giro.
Villa, productor de cine y abogado en derechos de autor, insiste: No es que creamos que la expropiación esté siendo vista de una manera distinta, más bien es una aproximación metodológica y dramática que es innovadora.
Una parte de la película que le da actualidad, asegura por su lado el realizador, es todo ese coro de voces que son los que van empujando y creando algo emocional en diferentes segmentos, hasta el final, donde pareciera que nos quedamos con una idea cercana a aquella historia. En realidad queremos que se conecte con esta historia viva del presente.
No obstante, el cineasta menciona lo complicado que ha sido ofrecer esa narración en primera persona y darle esa personalidad, “porque de alguna manera nunca conocimos sus voces; vemos las fotos, las imágenes, pero nunca nos imaginamos la voz del general, de su esposa, de los obreros, de esos momentos cuando fueron a entregar sus gallinas, sus aretes… es uno de los momentos más emocionales”.
Comparte que consultaron cerca de 200 fuentes históricas del Instituto Nacional Antropología e Historia y de archivos pequeños como el de Jiquilpan, Michoacán (tierra de Cárdenas), que es el archivo clave que alberga la obra del general Cárdenas y del general Múgica. Lo complicado es extraer de ahí las frases, los párrafos de discursos oficiales de cada una de las voces que conforman esta historia. Son pocas las referencias que encontramos de discursos o pláticas coloquiales. Lo demás fue un trabajo de aproximación dramática que tuvimos que desarrollar con actores del Centro Universitario de Teatro de la UNAM.
Hugo Villa adelanta que ya mostraron el primer corte a la familia del general Cárdenas. No nos atreveríamos a tener esta charla sin su consentimiento. No abordaríamos a una figura de este tamaño sin considerar todo el respeto que merece. El impulso de tratar este tema es un lote de imágenes que la familia brindó a la Filmoteca. Si crees que la historia es una espiral, digamos de 1938 a la actualidad, necesariamente debemos ubicarnos en el punto en que se desarrolló dicha espiral.
–Este trabajo dejará un precedente en la Filmoteca. Un archivo fílmico potente –se comenta a Hugo Villa.
–Cuando lo planteó Alvino Álvarez lo consideré una oportunidad formidable; primero, de revisitar la efeméride; después, el de una aproximación cinematográfica que tiene una edición dramática literaria y narrativa, más allá de lo que siempre vemos o hemos recibido y de lo que se nos ha informado sólo como un proceso, una especie de monografía de papelería, en la cual se resumía que los malos nos estaban robando el petróleo, que llegó un santo y nos salvó”.
Villa abunda en que eso fue más que la simple ejecución de un decreto expropiatorio y casi es “un plan secreto que solamente conocían tres personas antes de que lo leyera en la radio. Hay mucha humanidad detrás de ello, una gran complejidad, y el modelo de narración que usa Albino Álvarez te da una idea de lo que lo impulsó al general a analizar la situación, a masticarla, a pensarla y a tomar la decisión final.
Para acabar el filme faltan los acabados de ebanistería de Albino Álvarez y su equipo técnico, así como compaginar los tiempos con nuestro coproductor: la Escuela Nacional de Arte Cinematográfico. Pero a mí lo que más me emociona de esos 90 minutos que dura el filme es entender la proporción humana de quienes tomaron esta decisión que realmente cambió por completo el destino de nuestro país.
La idea, asegura Albino Álvarez, es que 18MAR38 llegue a los jóvenes, que los acerque a una historia viva y contemporánea, aunque les cause alegría o indignación.
Cuando se termine esta película universitaria la prioridad será estrenarla en salas de la UNAM y luego buscaremos salida en otros lugares, concluye Hugo Villa.
Con información de La Jornada.
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“Son los que alimentan a EU dice Narciso Martínez, artista mexicano que triunfa retratando a migrantes Por: La Redacción. Ciudad de México., a 26 de marzo del 2025.- oco se imaginaba Narsiso Martínez que aquella caja que rescató de entre una montaña de cartones desechados en el megasupermercado CostCo lo llevaría tan lejos. “Había ido a por pizza, pero la vi allí tirada, me llamaron la atención sus colores, morado y verde, y decidí llevármela al taller”, recuerda el entonces estudiante de arte, hoy un consagrado artista de 47 años. La aplanó, y como era una caja de plátanos —con el logo de la compañía bananera y una etiqueta que aseguraba que el contenido era orgánico–, optó por esbozar en la base a un agricultor cargando al hombro varios racimos de esa fruta. Cuando presentó el dibujo ante su clase, la reacción fue exactamente la que llevaba tiempo persiguiendo. “Los comentarios ya no fueron como hasta entonces sobre la técnica, sino que quisieron saber si yo también había cargado plátanos y cuán duro era”, le explica a BBC Mundo. Plátanos no —les contestó—, pero tras emigrar desde México a los 20 años, tuvo que acarrear cajas y cajas de fresas, “desguató” manzanas durante horas, pasó veranos enteros agachado recolectando espárragos. Y se armó entre los alumnos una discusión sobre las condiciones muchas veces penosas de los trabajadores agrícolas, la mano de obra mayoritariamente indocumentada que sostiene el sector en Estados Unidos, y su invisibilidad. Ahora han vuelto al primer plano de alguna manera, al ser el objetivo del programa de deportación masiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ajeno al impacto humano para ellos e incluso económico para su propio país. “EE.UU. no sería lo que es si no fuera por los mexicanos y mexicanas que trabajan del otro lado”, reconoce en cambio la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. “Si no hubiera paisanos trabajando el campo, no habría comida sobre la mesa de los estadounidenses”, destacó recientemente. Y con ella coincide Martínez. Esa misma idea de Sheinbaum expresó el artista en aquella caja. Hoy, casi una década después, obras suyas como la de aquel bracero estampado en cartón forman parte de las colecciones de una veintena de museos en EE.UU., desde el LACMA de Los Ángeles hasta el MFA de Houston. Retratos que son, en cierto sentido, también autorretratos. Nacido en 1977, Martínez se crió en una familia indígena zapoteca en Santa Cruz Papalutla, una aldea a unos 25 kilómetros de la ciudad mexicana de Oaxaca. El menor de cuatro hermanos, además de ir a la escuela, desde niño le tocó colaborar en las labores del campo: recoger frijoles y maíz, llevar los chivos y las vacas a pastar. “Aunque en aquel entonces no lo sentía así, viéndolo con perspectiva fue una infancia bien dura”, le dice a BBC Mundo en su casa-estudio del centro de Los Ángeles. Dejó los estudios antes de acabar décimo grado y trabajó aquí y allá, descargando cajas en una fábrica de refrescos, como soldador de estructuras metálicas con su padre, en el taller de un vecino. También le gustaba dibujar, sobre todo retratos y caricaturas, recuerda, y copiar celebridades de las revistas. A los 18 años se fue a Ciudad de México. “Pero duré un mes, no me gustó”, reconoce. Y “como no estaba colaborando en casa ni haciendo nada, y me sentía perdido, mis hermanos sugirieron que me fuera a EE.UU.”. Martínez en el estado de Washington fue de espárragos. Ellos solían acudir cada año a trabajar los campos y al finalizar la temporada regresaban a México. Pero uno de ellos, el mayor, acabó quedándose y estableciéndose en Los Ángeles. Y con él se fue a vivir Narsiso nada más cumplir los 20. De no hablar inglés a estudiar una carrera Lo primero que recuerda de la vida en EE.UU. es lo malas que le parecían las tortillas y las ganas que tenía de aprender inglés. “Quería saber qué decían las películas, entender las letras de las canciones, pero, sobre todo, tenía ganas de sentir que la vida valía la pena”, cuenta. Así que se inscribió en la escuela para adultos mientras trabajaba a tiempo completo en un taller cambiando llantas. “En mi pueblo me habían botado (del colegio) por haber reprobado tantas materias, pero aquí volví a empezar y me di cuenta que sí podía aprender”, recuerda. “Así que me propuse sacar una carrera. No importaba cuán mayor fuera”. Acabó graduándose de la secundaria con 29 años y en 2012 se inscribió en la Licenciatura de Bellas Artes en la Universidad Estatal de California en Long Beach. “Había tomado unas clases de historia del arte y, además de reconectar con el dibujo, conocí a los pintores europeos Vicent van Gogh y Jean-François Millet y sentí una conexión con ellos, porque los protagonistas de sus obras eran campesinos”, hace memoria. Aquello lo catapultó de vuelta a sus orígenes y se dijo que, si mejoraba lo suficiente su dibujo y aprendía a pintar como ellos, podría retratar a su pueblo. “Quería pintar a mis abuelitos, a mis vecinos. Esa era la idea, porque por aquel entonces no pensaba que pudiera vivir de esto”. Un papel vital pero ignorado Sin embargo, tras el primer semestre en la universidad, se quedó sin ahorros. Y decidió aceptar la invitación de sus hermanos de ir a trabajar a los campos del estado de Washington para la temporada. “Nosotros te daremos alojamiento y pagaremos por la comida, por lo que puedes ahorrar todo lo que ganes”, dice que le dijeron. Nada más acabar las clases, se montó en un bus rumbo al estado fronterizo con Canadá, en cuyas huertas se dejaría la espalda durante el siguiente semestre. La primera cosecha que le tocó fue la del espárrago — “crece en el suelo y requiere estar agachado todo el tiempo, como las fresas. No sé ni cómo pude aguantar”—, luego la de la manzana Gala, la amarilla, la verde, la roja. Los descansos los aprovechaba para esbozar a lápiz estampas campestres en un cuadernito que llevaba siempre consigo. “Fue mejor que cualquier curso de dibujo en vivo, algo fundamental para desarrollar la técnica”, admite. Decidió quedarse hasta el fin del verano y lo repitió cada año, incluso después de que se licenciara en 2016 y durante los dos años que duró su maestría. Y en todo ese tiempo habitó aquellos mundos dispares, el de las discusiones académicas y el de las charlas sobre las penurias de migrar, las cuentas que no cierran y las lesiones laborales, sin la menor sospecha de que en el momento preciso aquello terminaría conformando el ADN de su arte. “Temporada a temporada me cruzaba con los mismos compañeros y en nuestras conversaciones me di cuenta que nuestras historias eran similares: de dónde veníamos, cómo crecimos, por qué migramos. Y nuestra experiencia en el campo también”, explica Martínez. “Muchos no podíamos tener una licencia de manejo por la situación migratoria, trabajábamos sin seguro porque éramos temporeros, nos caíamos y no podíamos reportarlo por temor a que no nos contrataran para la nueva cosecha”, prosigue. “Yo mismo tuve un accidente y anduve adolorido por cuatro años”. Eso lo llevó a querer usar su obra para denunciar una situación que considera injusta. “Esta nación siempre se ha apoyado en comunidades que están en desventaja, desde los nativos a los esclavos, pasando por los braceros y la gente que viene de otros países a buscar una mejor vida por distintas razones”, argumenta el artista. “Y esta comunidad en particular ha estado siempre al frente, haciendo el trabajo más difícil y más vital, que es contribuir con la comida. Están siempre al frente de la producción agrícola, para que el país se pueda sostener”, añade. “Los campesinos —muchas veces sin documentos— tienen un papel vital en la economía que siempre ha sido ignorado y utilizado en el juego político”, ahonda. “Son los que alimentan a EE.UU”, subraya, lanzando un mensaje que, en el contexto de redadas y deportaciones masivas ordenadas por la administración Trump suena más alto que nunca. En los campos en los que él mismo trabajó el miedo a las redadas migratorias se ha expandido como la pólvora. “Pero tienen que seguir con su día. No pueden quedarse en casa, estar siempre mirando por encima del hombro. Hay que continuar con la vida normal, y seguir trabajando”, dice sobre los que fueron sus compañeros. En su afán de contar aquello, Martínez transitó por técnicas y estilos diversos – a veces demasiado literales, admite—, hasta que se topó con aquella caja de cartón de plátanos. Desde entonces, sus piezas, que a veces exploran el collage y el ensamblaje dadaísta y otras beben del muralismo mexicano, como la titulada Legal Tender —que imita un billete de dólar con el retrato de una temporera en el centro— lanzan un mensaje personal y político. “Ayuda a la gente a ver la realidad con ojos nuevos”, le dice a BBC Mundo Charlie James. Su galería homónima, especializada en arte político y de temática relacionada con la justicia social, lo representa desde 2018. “Para crear su arte tienes que vivir su experiencia. Eso es lo que hace su obra tan potente: tienes que haber vivido su vida”, dice James, satisfecho de haber logrado colocar el trabajo de Martínez en museos de renombre a lo largo y ancho del país. El último en adquirir su obra ha sido el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, el LACMA. La pieza que este pasado enero incluyó en su colección se titula Mission-Precious Cargo y representa una misión católica en California, inspirada en la iconografía de la marca de tomates Oceanside Pole y creada sobre 33 piezas de cartón descartado. Martínez se muestra honrado y agradecido. “Es un reconocimiento no solo al artista inmigrante, al artista indígena inmigrante indocumentado, sino también a la comunidad campesina”, subraya. “Porque ¿cuánto arte tienen los museos en el que el tema sean los campesinos? Para mí eso es lo importante: visibilizarlos”.

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